domingo, 15 de febrero de 2015


 “Sale de mí una agüita
amarilla cálida y tibia…”
Los Toreros Muertos /Mi agüitamarrilla
Por: *Sup Tupa
Existen consideraciones que me hacen creer que  lo que en seguida describiré no debiese de ser exhibido en ningún sitio digno de casto y puritano entendimiento. Las extrañas aventuras de quien fisiológicamente es traicionado por su vejiga [sea hombre o mujer]van desde lo tragicómico hasta capítulos de películas de acción. Quien diría cómo en esa ocasión en que detuvieron a mi cuate orinado en la oscuridad de una calle la llanta de lo que después nos enteraríamos era una patrulla – suele suceder – ¿O nada más a mis conocidos?
“Un día cualquiera de un año en que la música de banda estaba de moda, nos reunimos en palomilla los vagos de siempre; en esa ocasión como casi todos los fines de semana planeábamos irnos por unas cervezas y sentarnos en la banqueta de esa calle perdida en los barrios donde era común las fiestas con los sonidos.
Sin embargo esa ocasión sería diferente, ya que como casi nunca sucedía nos invitaron a una fiesta con el apercibimiento de que iría Domitilo Godínez, conocido en el barrio como el Domi, y así también lo conocíamos en la escuela. Él era un tipo bravío, fajado para el descontó y la trompada. Es necesario escribir que él Domiarrastrababroncas añejas con Luis, elchimpancé, compa siempre puesto para las cervezas; y aunque nadie lo sabía ese sería el principio de la ridiculez.
Las pugnas de estos dos personajes nos las recuerdo con fidelidad, pero ya se traían en salsa y estaban más que dispuestos a dirimirsus diferencias del modo que fuese. Valorando que posiblemente se armaría la campal en la citada fiesta aun así decidimos correr el riesgo [bueno nosotros no, pero el Chimpancé sí].
Con más gloria que pena la banda cábula llegó a la cita e ingresamos como siempre con la timidez que nos identifica. Destapamos unas cuantas chelas y algún animoso empezó a pulir el piso, quesque bailando salsa; no puse mucha atención debido a que me mantenía atento el posible episodio violento que se suscitaría y las potenciales vías de escape en caso de que la cosa se pusiese ruda.
Domi y el Chimpancé, envalentonados por algunas cervezas se miraban con enojo, tocándose de vez en vez los puños con los nudillos crispados – como querido pelear – daban vueltas en el lugar como leones en jaula, una dama me distrajo y tuve que ponerle atención (creo que necesitaba de mi ayuda); terminamos bailando.
De regreso a la pugna entre estos dos personajes, me adentro al psique colectivo para reconocer que lo que os voy a  relatar en seguida es verdadero:
En exceso viajaron de mano en mano botellas de cervezas y el Chimpancé anunció: “orinita vengo” (frase muy cultural que evoca los deseos fisiológicos de evacuar la vejiga). En un solo baño en la planta alta de la casa, después de cinco minutos veo con preocupación que sube las escaleras el Domi!!!!Zaaazzz¡¡¡¡ ya se armó la rebambaramba. Curioso como soy acudí a advertirqué sucedería.
La puerta del baño cerrada y yo un tanto incomodo con la presencia de Domi afuera en espera de que el cuarto se desocupará. Adentro se escuchan quejas y señales de que quien se encontraba en el interior, sonidos guturales revelaban la actividad: estaba vomitando.
Me adelanto,toco la puerta y pregunto “¿Estás bien?”, siguen los sonidos guturales hhuagggaggrgggoaaagggg…
Después fue “Domi” quien tocó la puerta – toctoctoc – ¿estás bien? Se hizo un silencio sepulcral. Sólo sopló un leve vientecillo (incluso creo que en ese momento la música cesó) toctoctoc… ¿Necesitas algo? No pasaron más de 10 segundos que yo percibí como dos días, se abrió la puerta, frente a frente se encontraban Domi y el Chimpancé (!!!!Y yo en medio¡¡¡¡¡)
Se miran casi a la misma altura los dos. De ropa aparentemente impecable, con un olor fétido que se desprendía del lado de donde estaba el sanitario, el humo del tabaco inundaba el ambiente (también venteaba que le estaban quemando las patas al diablo) a los lejos se escucha el uluar de una patrulla, con los ojos brillosos, ambos se ven de frente.
 ¿Necesitas algo? repite con calma Domi, el Chimpancé no sin dificultad articula con voz baja casi audible: “Yo lo que necesito… (Hace una pausa y traga saliva). Yo lo que necesito es… tu amistad” jajajajajaja yo con los ojos grandes como plato no atinaba a tanta dulzura, opté por bajar y fui por otra cerveza.
Ya de salida como a eso de las tres de la mañana nos trepamos al auto que nos condujo al lugar. Era una lanchota de esas de las que utilizaba el Santo en sus películas y que le habían prestado al Canelo para esa ocasión.
A medio camino se hace una escala técnica y se bajan en una vinata por más cebada embotellada.
Ya con el cargamento a la mitad y todos (incluyendo al Domi y al Chimpancé) les anuncio que voy a enviar un “telegrama liquido”. Me coloco a un costado de las llantas de la nave intergaláctica, me desabrocho al pantalón y bajo el ziper, en cuanto el águila sale de su nido, estos weyes encienden el auto y se van; me dejan a la mitad de la calle y del otro lado un puesto de tacos (esos a peso) se me quedan observando a media acción o micción.
¡¡Chale!! Me encamino en dirección de la avenida y suena mi teléfono, wey… porque te fuiste… ¿¿dónde andas?? (Estas bestias peludas no se dieron cuenta que no me subí al auto.)Regresaron por mí y nos fuimos.
En otra parada técnica el Chimpancé al ir por las cervezas se sube a otro auto, hasta que llegó la patrulla y le dio baje con un varo, pero como dijo la nana Goya:esa ya es otra historia.
Fin

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